AUTOREFLEXIÓN (117)
Creerme estar serena, apoyada desde mi ventana, se huele a algo tan dulce que jamás habría imaginado.
Suenan las
estaciones de las mariposas, mamá de golpe me llama, niña, ves a la cama qué se enfría, acuéstate, mañana vendrá Lorenzo a
verte.
Estoy aquí
en un remolino de imágenes sin sentido, comunican en el otro lado, caigo con
los ojos abiertos que cuando la luna aparece me estremece de que la hora del
despegue no es lo que parece.
Cientos de
vidas paradas recorriendo más de mil máscaras, todas marcadas una a una en los
iris de todas las vigilancias que adueñan seres sin enseres.
Con los
reflejos del ver así como el dícese que rebotando en las caras , se aprende lo
que se dejo por hacer y ahora se emprende otra vez sucesivamente para bien.

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